domingo, 15 de noviembre de 2009

La revolución del ser no es urgente, sino importante.

Leí: “Urge una revolución de conciencias”
Sí. Urgir no la propicia. Darse cuenta de tal necesidad, los bien intencionados dirán que es el primer paso; reconocer el origen del sufrimiento que propicia la urgencia, sería lo segundo para los que actúan de buena fe, pero sin saber que existe una manera de aliviar ese sufrimiento; finalmente, aquellos que reconoces esto último y viven el cambio de adentro hacia afuera, que saben re-evolucionarse; cambiar sus propios paradigmas, confrontarlos contra la realidad.
Tal proceso, referido por Erich Fromm como las Cuatro Nobles Verdades, base de las enseñanzas del Buda, consistentes en reconocer que: sufrimos y nos damos cuenta de ello, el origen de nuestro malestar, que existe una manera de aliviarlo, que para aliviar nuestro malestar debemos seguir ciertas normas de vida y cambiar nuestra presente conducta.[1]
No somos pocos los que reconocemos que ese proceso de transformación sucederá en este siglo como una revolución del tener al ser, o en términos más asequibles, en esa deseable revolución de conciencias. Más allá de los abordajes teóricos, cognitivos u ontológicos, las fuerzas restrictivas contrarrevolucionarias del ser son de orden práctico. En la práctica, es sumamente difícil adoptar modos de vida basados en ser, sobre todo cuando la divulgación del ego tiene como principal moneda de cambio las pertenencias materiales y los logros personales.
Puntualicemos, para desengañar al ego de sus propias ilusiones que da por hechos, las cualidades del Hombre Nuevo, de acuerdo con Erich Fromm en su obra Tener o Ser:
· Disposición a renunciar a todas las formas de tener, para poder ser plenamente.
· Sentir seguridad, tener un sentimiento de identidad y confianza basados en la fe en lo que uno es, en la necesidad de relacionarse, interesarse, amar, solidarizarse con el mundo que nos rodea, en vez de basarse en el deseo de tener, poseer, dominar al mundo, y así volverse esclavo de sus posesiones.
· Aceptar el hecho de que nadie ni nada exterior al individuo le da significado a su vida, sino que esta independencia radical y la no cosidad pueden llegar a ser la condición de la actividad plena dedicada a compartir e interesarse por sus semejantes.
· Estar plenamente presente donde uno se encuentra.
· Sentir la alegría que causa dar y compartir, y no acumular y explotar.
· Amar y respetar la vida en todas sus manifestaciones, sabiendo que no es sagrada la cosa ni el poder, ni lo que está muerto, sino la vida y todo lo que contribuye a su desarrollo.
· Tratar de reducir en la mayor medida posible la codicia, el odio y los engaños.
· Vivir sin adorar ídolos y sin engaños, porque se ha alcanzado una situación en que no se requieren engaños.
· Desarrollar la capacidad de amar, y el pensamiento crítico, no sentimental
· Desprenderse del narcisismo y aceptar las trágicas limitaciones inherentes a la existencia humana.
· Hacer del pleno desarrollo de sí mismo y del prójimo la meta suprema de vivir.
· Saber que para alcanzar esta meta, es necesaria la disciplina y respetar.la realidad.
· Saber que ningún desarrollo es sano si no ocurre en una estructura, pero conocer también la diferencia entre la estructura como atributo de la vida, y el "orden" como atributo de no vivir, de la muerte.
· Desarrollar la imaginación, no para escapar de las circunstancias intolerables, sino para anticipar las posibilidades reales, como medio para suprimir las circunstancias intolerables.
· No engañar, pero tampoco dejarnos engañar por los otros; se puede admitir ser llamado inocente, pero no ingenuo.
· Conocerse, y no sólo el yo que uno conoce, sino también el yo que no conoce, aunque tenga un conocimiento vago de lo que no conoce.
· Percibir la unión con la vida, y por consiguiente renunciar a la meta de conquistar a la naturaleza, someterla, explotarla, violarla, destruirla, y en vez de esto tratar de comprender y cooperar con la naturaleza.
· Gozar de una libertad no arbitraria, sino que ofrezca la posibilidad de ser uno mismo, y no un atado de ambiciones, sino una estructura delicadamente equilibrada que en todo momento se enfrenta a la alternativa de desarrollarse o decaer, vivir o morir.
· Saber que el mal y la destrucción son consecuencias necesarias de no desarrollarse.
· Saber que sólo muy pocos han alcanzado la perfección en todas esas cualidades, y sin la ambición de "alcanzar la meta", reconociendo que esta ambición sólo es otra forma de codiciar, de tener.
· Ser feliz en el proceso de vivir cada día más, sin importar el avance que el destino nos permita realizar, porque vivir tan plenamente como se puede resulta tan satisfactorio que es difícil preocuparse por lo que uno logra o no.


¿Es mucho pedir?
Es un exceso.
Si pensamos en un individuo que, por ejemplo, no es capaz de soportar su propia existencia ante la soledad y el silencio que implica días completos de meditación profunda, el listado le parecerá no solo imposible, sino que puede provocar esa hilaridad fingida, incluso razonada, que oculta un profundo vacío existencial.
Si tan sólo un ser humano fuera capaz de adoptar al menos una cualidad del listado, entonces la revolución del modo de vida basado en tener al hacia el modo de vida basado en ser, llamada revolución de las conciencias, ya no sería urgente, sino importante.
Por cierto ¿qué nos mueve, lo urgente o lo importante?

Si nos pidieran que actuáramos con base en las cualidades del Hombre Nuevo, ¿seríamos capaces de preguntar si es urgente o reconocer que es importante?

[1] http://www.ucm.es/info/bas/utopia/html/tenser.htm

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