jueves, 15 de julio de 2010

Inundaciones en Monterrey y la pobreza.


Las tragedias causadas por fenómenos naturales en años recientes, ahora en Monterrey, México, revelan en muchos una realidad incómoda; las zonas devastadas que hoy son noticia antes ya habían sido arruinadas por políticas económicas erróneas y excluyentes, evidencia de estados fallidos que han declarado la guerra a la delincuencia organizada, más no ha puesto fecha al fin de las causas de la inseguridad, y menos aún ultimar los orígenes de la pobreza.
Desde el 13 de marzo de 2006, en Monterrey, El Universal publicó que se sabía de la zona de riesgo por mala infraestructura ante lluvias, según estudios de Servicios de Agua y Drenaje había 53 regiones vulnerables y en ellas 420 puntos inundables.
Por otro lado, resultado de la consulta del sistema Regiones Socioeconómicas de México, del INEGI, el cual muestra las condiciones que caracterizan a la población, se aprecia que, por ejemplo, en General Escobedo hay pobladores socialmente vulnerable que reside en zonas de riesgo, prácticamente a un costado del rasgo hidrológico.
Tesis inicial y datos presentados me hacen pensar que los ciudadanos afectados por el fenómeno Alex están expuestos a que el narcotráfico brinde (en un paradigma asistencialista) el apoyo que el gobierno no puede “dar” (no por asistencia, sino por responsabilidad y obligación) y un riesgo mucho más grave: un el retroceso en la historia reciente de México en el aprendizaje social de que los ciudadanos organizados, sensibles y solidarios hemos rebasado las acciones del estado, reestablecido el tejido social y creado redes sociales emergentes y permanentes (mucho antes de Facebook y Twitter).
Sin triunfalismos no merecidos, ni posturas soberbias concluyo: seremos los ciudadanos los que lograremos que el capital social tenga nuevo significado por medio de la participación ciudadana en los momentos clave, en las manos unidas, el trabajo voluntario y conjunto que propicia el desarrollo humano no asistencial, la fuerza de saber que ayudar a otros es ayudarnos a nosotros mismos.

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